Mi sobrino Héctor es la persona más liviana y simpática que he conocido en todo el año, incluso con el poco tiempo que lo tuve en brazos. Todavía no sé de nadie que le haya visto llorar o que haya tenido mayores problemas para hacerle dormir. Para el final del día, me ofrecí tantas veces para cuidarlo que la cosa terminó por sonar a chiste de familia. Dejando aparte su santo temperamento, y al igual como su padre, el muchacho es muy fotogénico:

