El señor Mario Castañeda es un magnifico actor de doblaje mexicano, que siempre recordare por su inconfundible trabajo en la voz adulta de Goku, en Dragon Ball. El pasado fin de semana, el hombre asistió a una convención en mi antigua ciudad… y perdí todas mis chances de asistir.
Sin embargo, mi amigo Carlos Avendaño, quien conoce mi admiracion por el mundo de doblaje y supo reservar sus entradas a tiempo, consiguio arrancarle un breve saludo para mi. ¡Y hasta un Kame Hame Ha!
La resolución es propia de una cámara de teléfono celular, pero aun así el gentil mensaje de Mario puede escucharse alto y claro desde aquí.
No lo voy a negar: es un sueño de niño que se hizo realidad.

Ahora que es abril, mes de mi cumpleaños, se me ha otorgado el gusto y la libertad de pasearme por un par de librerías… con dinero. Una práctica que puede ser tan entretenida como peligrosa. Y si la intención es ojear, pues mucho mas arriesgada.
Los libros serian regalos de mi madre, así que yo ya sabía a lo que iba. Junto a las inamovibles torres de J.K Rowling y Dan Brown, ubique dos hermosas ediciones de Los Pilares de la Tierra y Cien años de Soledad que hacían muchísima falta en mi actual proyecto de biblioteca.
Claro que fue imposible que saliera del lugar así, sin más.
Ya me habían regalado antes las memorias de Gomez Bolaño, y tanteando en la estantería de biografías, bastante lejos de las de poesías, me tope con cuatro caras joviales que nunca podría rechazar: The Beatles, la historia, descrita por Manolo Bellón.
No sera Apple to the Core, pero en verdad espero que haga justicia al culto beatlemaniaco. Seré muy exigente.
Por ahora, seguiré disfrutando del estado de gracia que conlleva la compra de nuevos libros. Afortunadamente, según creo, este es mi único vicio.
Habiéndolo pensado durante casi toda la semana, voy a reconocer que la verdadera causa que me lleva a dedicar tiempo a este sitio es el saber que no fue concebido como simple flor de un día. El saber que son memorias que, mientras haga respaldo, serán capaces de desafiar al inexorable rigor de tiempo.
Está bien, no serán precisamente las pirámides de Egipto, de hecho en su mayoría son puras tonterías, pero para mí lo más importante es que cada entrada manifieste de manera efectiva tanto mis gustos como las pseudo-reflexiones que surjan durante mis días.
Sobre su utilidad, todo es relativo. Quizás le sirva a alguien que me conozca y se interese en lo me este pasando o en lo que tenga por decir. O también a algún desconocido que se identifique con mis ideas e intereses. Porque, siendo honestos, Moderno Prometeo no le va a enriquecer la vida nadie. Al menos no como lo haría un buen paseo por la Wikipedia.
No, este espacio es mucho más egoísta que la enciclopedia libre; yo escribo por disfrute propio.